domingo, 21 de septiembre de 2014

Falacias, falacias y más falacias




     Uno de los argumentos más recurrentes del separatismo catalán, aparte del manido "Espanya ens roba", es el de la falacia de que una Cataluña independiente sería un paraíso, no sólo económico, sino también un estado en el cual la justicia social, la ética política y la democracia con mayúsculas, serían los elementos principales en los que se sustentaría el nuevo estado. Se da por sentado, que el hecho de haber nacido o sólo estar establecido en Cataluña, le confiere a sus ciudadanos una virtud y una forma de ser especial, alejada de cualquiera de las existentes en su entorno, pero especialmente de la española; paradigma, para los nacionalistas, de despotismo, intolerancia, corrupción, incultura y mil perversidades más. Dando por hecho también, que si en Cataluña hay actualmente actitudes en sus ciudadanos poco honrosas y despreciables (aunque uno de esos ciudadano sea el anterior presidente de la Generalitat, Jordi Pujol) han tenido lugar bajo la influencia directa, perversa e inevitable de la podrida sociedad española.

   Asegurar semejante barbaridad en beneficio del proselitismo que se hace sobre la independencia de Cataluña, supone no conocer ni un pelo la esencia del nacionalismo catalán, tan arraigado en cualquier formación política existente, tanto de izquierdas como de derechas, como en buena parte de la sociedad catalana, abduccida y adoctrinada durante todo el tiempo que llevamos de periodo democrático, a través de un costosísimo y eficaz sistema de manipulación de masas, empezando por la enseñanza, y continuando con todo tipo de medios de comunicación tanto públicos como privados, sin reparar en éstos últimos, el cuantioso coste que ha supuesto, y supone en la actualidad para los ciudadanos catalanes; pero que a la vista de la situación a que nos han llevado estas políticas, muchos ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, ven  bien empleado dicho despilfarro, aunque como consecuencia de todo ello, se hayan tenido que hacer dolorosos recortes en prestaciones sociales, como la sanidad, la enseñanza, la dependencia, la  pobreza infantil, etc. Bien es cierto, también, que hay parte de la sociedad catalana que ha ido desprendiéndose poco a poco del complejo de sentirse unas personas normales que no comparten, ni de lejos, los delirios secesionistas y las mentiras en que se fundamenta y están haciendo frente con los escasos medios de que disponen a esa barbaridad, aunque dicha actitud, esté considerada por parte de los separatistas, como traición, quintacolumnismo y todo tipo de improperios.

    En Cataluña, han gobernado durante todo el tiempo que llevamos de democracia, los nacionalistas; incluso, en el corto y nefasto periodo de los dos tripartitos en los cuales, primero Maragall, soportado por ERC a cambio de todo el poder en sectores estratégicos, y después, el analfabeto, oportunista y vividor de la política, Montilla, fueron dos dóciles marionetas en manos de Carold Rovira y sus secuaces, cuyo principal objetivo ha sido siempre crear tensión frente a los poderes del Estado e ir gestando entre la sociedad catalana, la división, el enfrentamiento y el odio como escenario imprescindible para conseguir la independencia;  que una vez conseguida, sin ningún tipo de control externo, poder llevar a cabo sus políticas de instauración de un estado de inspiración totalitaria en el cual se consagrarían los valores que caracterizan a cualquier ideología nacionalista, que en ningún caso, son la tolerancia a la diversidad, la solidaridad y el reconocimiento de otras realidades sociales, culturales y lingüísticas que no sean la propia. 

    Ante esta realidad, es inevitable pensar y prever, que en el hipotético caso de que en Cataluña se declarara independiente, de iniciarse un proceso constituyente,  no habrían  elementos favorables para que el régimen que se instaurara fuera realmente democrático, plural y tuviera en cuenta la diversidad cultural y lingüística de los ciudadanos de Cataluña. Tampoco se puede asegurar, que siendo los dos partidos mayoritarios y más influyentes actualmente, CIU y ERC, identitarios y de derechas, como estamos viendo en la actualidad, en los aspectos sociales las clases más desfavorecidas saldrían  beneficiadas, porque la izquierda, tan minoritaria y tan entregada al proceso soberanista, a la inmersión lingüística, a  los asuntos culturales e identitarios, y tan desentendida de otras necesidades de la sociedad, aportaría muy poca cosa, si es que aportaba algo positivo al nuevo estado.

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