Amigos y amigas: tanto si sois hombres como mujeres, os invito a todos y a todas, a leer este artículo de opinión sobre el tan traído y llevado lenguaje sexista y sobre el revuelo levantado por un artículo de un miembro, que no una miembra,de la Real Academia de la Lengua. El que haya sido tan controvertido, nos invita a reflexionar y a sacar conclusiones tanto sobre la estupidez de algunas de las guias de obligado cumplimiento publicadas por algunas comunidades, sindicatos, etc; como sobre la negativa a aceptar ciertos cambios a la hora de expresarnos, que en nada, o en muy poco, se vería afectado el grado de legibilidad.
A mi entender, seguir al pie de la letra algunas de estas guias, supondría empezar a revisar y a aprender de nuevo a hablar y a escribir. No sé todavía el femenino de militar cúal es, y mucho menos sus graduaciones.
La obsesión manipuladora e irracionar de pretender darle a cada palabra terminada en "o" o en "e" un equivalente femenino que termine en "a", es tan absurdo como parcial, ya que en el caso contrario, cuando una palabra termina en "a", no han previsto ni exigido en ningún caso, "masculinizarlas" con una "o". Hay cientos, quizás miles, de palabras, cuya terminacion en "ista" (curioso)no se han visto afectadas por ese invento inclusista del lenguaje. Como hombre, nunca exigiría, porque supondría ponerme a la altura de los partidarios de esta locura, que cualquier palabra terminada en "a", como por ejemplo, "comunista", debiera tener su equivalente masculino y denominarse "comunisto".
Además: pretender cambiar el lenguaje antes que la sociedad, es tan absurdo e imposible como pretender empezar una casa por el tejado. El lenguaje ha ido evolucionando y cambiando permanentemente, pero no porque los politiquillos y poliitiquillas del tres al cuarto, así lo hayan decidido e impuesto; sino porque la sociedad de forma natural así lo ha hecho. Y creo que va a seguir siendo por mucho tiempo.
He leído por ahí unos comentarios con los cuales no puedo estar más de acuerdo:
Yo creo que el problema nace de la ideología del "género". Solo en su sentido gramatical, esta palabra hace referencia a los masculino y lo femenino (y a lo neutro), por lo que al transponerla a los antropológico, han cargado de ideología a la gramática. Y tengamos en cuenta que toda ideología intenta controlar el lenguaje, como paso previo a su imposición.
Más:
Para la escritora Elvira Lindo, “todo el mundo en España entiende que nuestra lengua diferencia entre sexo y género, por tanto, hay sustantivos de apariencia masculina en los que sabemos que están incluidas también las mujeres. Forzar otra manera en el habla es ni más ni menos una imposición política, que nada tiene que ver con las reglas filológicas ni con el uso natural del habla. Lo que no puede ser es que dos mujeres vayan a pedir una subvención para jóvenes emprendedoras y se encuentren con que las obligan a cambiar la redacción de su proyecto para adecuarlo a un lenguaje no sexista.
¿Qué es lo que pretendemos entonces: cambiar el lenguaje o cambiar la realidad? Deseo una sociedad en la que los hombres sepan mirar a las mujeres con respeto y sin condescendencia, en la que tengamos derecho al mismo sueldo o al mismo puesto si tenemos el mismo mérito, en la que no te encuentres a diario unos medios de comunicación plagados de comentarios burlescos y faltones hacia las mujeres con presencia pública. Creo que nuestro país aún tiene mucho camino por ecorrer en este sentido, pero censurar y manipular la lengua de los ciudadanos es ridículo e intrusivo. Son los políticos los que generalmente popularizan todas estas tonterías”.
También, otro escritor poco sospechoso de ser machista, como Javier Marias, opina sobre este asunto:
"En su susceptibilidad extrema, ven machismo y sexismo por doquier, hasta donde no lo hay. Si en español se dijera “juezo”, “cancillero”, “bedelo”, “gerento” o “jóveno”, pase que se propiciaran sus correspondientes en femenino; pero es que no se dice, y no habría ningún problema, en consecuencia, en hablar de la juez, la canciller, la bedel, la gerente o la joven. También exigen que el vocablo “miembro” coexista con “miembra”, sin darse cuenta, una vez más, de que hay érminos invariables que por su terminación en o o en a no indican género alguno. Llevando hasta el final su razonamiento (es un decir), al tratarse de varones habría que emplear “víctimo”, “colego”, “persono”, “poeto”, “preso del pánico” y “mendo lerendo”, entre otros horrores. Y lo mismo con los animales: a los varones no nos ofende decir “una tortuga macho”, en vez de convertir al pobre bicho en un “tortugo”, y a sus colegas en “hienos”, “focos”, “morsos”, “serpientos”, “boos”, “jirafos” y “zebros”."
Este mismo escritor, nos recomienda no fiarnos de las personas que utilizan este lenguaje, porque posiblemente estén intentando engañarnos. Así que cuidado.
Este mismo escritor, nos recomienda no fiarnos de las personas que utilizan este lenguaje, porque posiblemente estén intentando engañarnos. Así que cuidado.
Para terminar he de decir que no será servidor quien discuta el derecho a la igualdad de la mujer con respecto al hombre, que lo tiene, pero de ahí a escribir cuando la ocasión lo requiera: " La miembra de la Real Academia de la Lengua...", hay un trecho, o trecha, para que nadie se enfade.

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