Sábado 22 de Octubre de 2010
La palabra ghetto, es una palabra que ha ido popularizándose desde que Elvis Presley allá por finales de los sesenta incluyera en su repertorio un tema con referencias expresas sobre ésta : "In the ghetto"; donde denuncia la miseria de los barrios pobres y la indiferencia de la sociedad y los gobernantes ante este hecho tan injusto e inmisericorde. Quizás esta canción, hizo ver a la sociedad de entonces, con toda la crudeza, lo que significaba esta palabra cargada desde entonces, (aunque ya había un precedente sobre los ghettos judios) de connotaciones peyorativas, al referirse a un lugar dentro de otro lugar ,donde se autoconfinan o se obliga a confinanse, a un grupo de personas con un determinado denominador común, sea etnico o social. Para muchos de nosotros, estos rincones apartados del resto, y olvidados completamente de las autoridades y de la sociedad, no era algo novedoso que puediera sorprendernos, porque , como decía, para muchos de nosotros, el contenido de la canción, hubiera encajado perfectamente en los ghettos donde vivíamos en esos momentos, donde la pobreza, la marginación y la exclusión social , formaba parte inseparable de estos lugares. Los ghettos han existido siempre y seguirán existiendo mientras el mundo esté gobernado desde el egoísmo, la competitividad, la insolidaridad, la desigualdad y la injusticia social.
La sociedad, desde que empezaron a haber las primeras diferencias en cuanto a posesión de bienes materiales o de poder, que viene a ser lo mismo, se ha ido clasificando en categorías, clases, clanes, tribus,etc, etc, dando lugar a la formación de una pirámide social que se ha ido perpetuando hasta nuestros días; en la cual, estamos instalados cada uno de nosotros en uno de sus niveles. Como en muchas otras cosas, la clasificación de la que somos objeto las personas, según nuestros bienes materiales, es una perversión más de la condición humana, tan injusta como inevitable.
El ghetto en la mayoría de los casos, se crea solo o por inducción; en el primero, por la necesidad de subsistir bajo un techo, aunque sea de raices, y en el segundo, creando las condiciones necesarias y oportunas.
Las ciudades siempre han estado repletas de ghettos, donde las diferentes capas sociales se instalan para separarse de los demás. Las condiciones están claras: en el caso de las personas con recursos económicos, o de alto nivel cultural, se construyen barrios o zonas residenciales, cuyas viviendas y servicios, son completamente inascesibles por su alto precio, para personas con un nivel de renta bajo. Por lo tanto, para las personas cuya renta no le permite residir en este tipo de ghetto, se crea otro, cuyas viviendas, sean accesibles por su coste, a un grupo de personas de rentas medias; y otro más, para personas de rentas bajas; y así hasta llegar al nivel ínfimo.
Como persona que ha pasado por algunos de los niveles de esta pirámide, creo tener la suficiente experiencia, aparte de por mi edad, como para expreasar mi punto de vista sobre lo que ha significado para mi, vivir la mayor parte de mi vida en un ghetto o ghetos, porque fueron varios; no obstante, me ceñiré por ahora, a comentar lo que fueron los primeros ghettos en la ciudad de Girona
Girona no sólo ha sido un lugar receptor de inmigración los últimos veinte años. El flujo migratorio habido en esta parte de Cataluña, viene de largo y por lo tanto, los ghettos, al menos en la zona donde he vivido, han abundado siempre. El primero que se creó, mejor dicho, se autocreó, (y que tengo el "honor" de haber sido un componente de la família que hizo la primera "vivienda" en dicho ghetto) en la orilla del río Ter, a la altura de donde están hoy los aparcamientos de los cines Oscar, entre la N-II y el río Ter.
Eran finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, cuando al no tener posibilidad alguna de alojarse en una vivienda digna, mi familia decidió hacer una barraca a base de deshechos de material de las obras, para la construcción de las paredes, y cartón de piedra, recuperado de un vertedero de escombros, para el techo.
Junto a esta casa, se fueron construyendo más, con el beneplácito siempre, de las autoridades municipales que vieron en esta iniciativa, una forma de mantener a la purria inmigrante, lejos de sus lujosos e históricos domicilios.
Hasta tal punto creció el asentamiento, que en un par de años, se convirtió en un verdadero barrio, o mejor dicho, Ghetto, en el que llegaron a vivir cerca de mil personas; donde, eso sí, no se disponía de ningún tipo de servicio, como luz, agua, gas, etc. y donde además, se corría el permanente riesgo, sobre todo en época de lluvias, de ser arrastrado por alguna de las muchas riadas que en aquellos tiempos padecía la ciudad de Gerona, cuando el pantano de Susqueda, ni tan siquiera era un proyecto. Tal es así, que en el año 1962 una de estas riadas acabó con el ghetto fulminatemente, sin dejar rastro de ninguna de sus chabolas.
Parte de los damnificados por el desastre, fueron alojados provisionalmente, en la vieja sede de la Delegación de Hacienda, sita en la Plaza del oli, bajo unas condiciones de habitabilidad tan indignas, como las que acababan de perder; la otra parte, que era mucho más numerosa, fueron alojados en unos llamados "albergues provisionales" (que se construyeron a toda prisa y que no fueron tan provisionales como prometieron), construidos a base de bloques de cemento y techos de Uralita y sin ningún tipo de aislamiento térmico, con lo que es muy fácil imaginarse, el frío y el calor que los beneficiarios de estos barracones, llegaron a sufrir, y que en nada tenían que envidiar en cuanto a las pésimas condiciones de habitabilidad, a los alojados en el viejo edificio de Hacienda.
Paralelamente por la falta de suelo o por miedo a las riadas, (y antes de que las barracas del río desaparecieran por los motivos expuestos) nace otro ghetto en la ciudad de Gerona: esta vez sobre los terrenos, cuya propiedad era del ejército español, situados en la montaña de Montjuïch. Si bien el procedimiento "arquitectónico y urbanístico", era el mismo que el de las barracas sobre el rio Ter, aquí en este lugar, el riesgo de ser arrastrados por las aguas del río, no existía por razones obvias, aunque la falta de servicios básicos, como en el ghetto del rio Ter, eran los mismos. También en este caso, el ghetto, adquirió dimensiones considerables con cientos de barracas autoconstruidas por sus "propietarios" en la mayoría de los casos, de la forma más rudimentaria y sin ningún tipo de servicio público, como decía, de agua, luz, Tf, etc, ni, por su puesto, un asceso mínimamente adecuado por donde subir a la montaña.
Con este ghetto, que llegó a alcanzar la friolera de 3000 habitantes, no acabó la riada, sino que cuando habían mejorado los ascesos y había llegado, anque muy tímidamente, algún servicio como la electricidad, la especulación y los favoritismos hacia personajes cercanos al dictador, como un tal Villalonga, que compró la totalidad de los terrenos, fueron expulsados todos sus habitantes y derribadas todas sus barracas con el objeto de construír una urbanización de lujo, dado su privilegiado emplazamiento, para gente pudiente; dando lugar a un nuevo ghetto, pero esta vez de alto standing.
(Continuará con otros tiempos y otros ghettos)
La sociedad, desde que empezaron a haber las primeras diferencias en cuanto a posesión de bienes materiales o de poder, que viene a ser lo mismo, se ha ido clasificando en categorías, clases, clanes, tribus,etc, etc, dando lugar a la formación de una pirámide social que se ha ido perpetuando hasta nuestros días; en la cual, estamos instalados cada uno de nosotros en uno de sus niveles. Como en muchas otras cosas, la clasificación de la que somos objeto las personas, según nuestros bienes materiales, es una perversión más de la condición humana, tan injusta como inevitable.
El ghetto en la mayoría de los casos, se crea solo o por inducción; en el primero, por la necesidad de subsistir bajo un techo, aunque sea de raices, y en el segundo, creando las condiciones necesarias y oportunas.
Las ciudades siempre han estado repletas de ghettos, donde las diferentes capas sociales se instalan para separarse de los demás. Las condiciones están claras: en el caso de las personas con recursos económicos, o de alto nivel cultural, se construyen barrios o zonas residenciales, cuyas viviendas y servicios, son completamente inascesibles por su alto precio, para personas con un nivel de renta bajo. Por lo tanto, para las personas cuya renta no le permite residir en este tipo de ghetto, se crea otro, cuyas viviendas, sean accesibles por su coste, a un grupo de personas de rentas medias; y otro más, para personas de rentas bajas; y así hasta llegar al nivel ínfimo.
Como persona que ha pasado por algunos de los niveles de esta pirámide, creo tener la suficiente experiencia, aparte de por mi edad, como para expreasar mi punto de vista sobre lo que ha significado para mi, vivir la mayor parte de mi vida en un ghetto o ghetos, porque fueron varios; no obstante, me ceñiré por ahora, a comentar lo que fueron los primeros ghettos en la ciudad de Girona
Girona no sólo ha sido un lugar receptor de inmigración los últimos veinte años. El flujo migratorio habido en esta parte de Cataluña, viene de largo y por lo tanto, los ghettos, al menos en la zona donde he vivido, han abundado siempre. El primero que se creó, mejor dicho, se autocreó, (y que tengo el "honor" de haber sido un componente de la família que hizo la primera "vivienda" en dicho ghetto) en la orilla del río Ter, a la altura de donde están hoy los aparcamientos de los cines Oscar, entre la N-II y el río Ter.
Eran finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, cuando al no tener posibilidad alguna de alojarse en una vivienda digna, mi familia decidió hacer una barraca a base de deshechos de material de las obras, para la construcción de las paredes, y cartón de piedra, recuperado de un vertedero de escombros, para el techo.
Junto a esta casa, se fueron construyendo más, con el beneplácito siempre, de las autoridades municipales que vieron en esta iniciativa, una forma de mantener a la purria inmigrante, lejos de sus lujosos e históricos domicilios.
Hasta tal punto creció el asentamiento, que en un par de años, se convirtió en un verdadero barrio, o mejor dicho, Ghetto, en el que llegaron a vivir cerca de mil personas; donde, eso sí, no se disponía de ningún tipo de servicio, como luz, agua, gas, etc. y donde además, se corría el permanente riesgo, sobre todo en época de lluvias, de ser arrastrado por alguna de las muchas riadas que en aquellos tiempos padecía la ciudad de Gerona, cuando el pantano de Susqueda, ni tan siquiera era un proyecto. Tal es así, que en el año 1962 una de estas riadas acabó con el ghetto fulminatemente, sin dejar rastro de ninguna de sus chabolas.
Parte de los damnificados por el desastre, fueron alojados provisionalmente, en la vieja sede de la Delegación de Hacienda, sita en la Plaza del oli, bajo unas condiciones de habitabilidad tan indignas, como las que acababan de perder; la otra parte, que era mucho más numerosa, fueron alojados en unos llamados "albergues provisionales" (que se construyeron a toda prisa y que no fueron tan provisionales como prometieron), construidos a base de bloques de cemento y techos de Uralita y sin ningún tipo de aislamiento térmico, con lo que es muy fácil imaginarse, el frío y el calor que los beneficiarios de estos barracones, llegaron a sufrir, y que en nada tenían que envidiar en cuanto a las pésimas condiciones de habitabilidad, a los alojados en el viejo edificio de Hacienda.
Paralelamente por la falta de suelo o por miedo a las riadas, (y antes de que las barracas del río desaparecieran por los motivos expuestos) nace otro ghetto en la ciudad de Gerona: esta vez sobre los terrenos, cuya propiedad era del ejército español, situados en la montaña de Montjuïch. Si bien el procedimiento "arquitectónico y urbanístico", era el mismo que el de las barracas sobre el rio Ter, aquí en este lugar, el riesgo de ser arrastrados por las aguas del río, no existía por razones obvias, aunque la falta de servicios básicos, como en el ghetto del rio Ter, eran los mismos. También en este caso, el ghetto, adquirió dimensiones considerables con cientos de barracas autoconstruidas por sus "propietarios" en la mayoría de los casos, de la forma más rudimentaria y sin ningún tipo de servicio público, como decía, de agua, luz, Tf, etc, ni, por su puesto, un asceso mínimamente adecuado por donde subir a la montaña.
Con este ghetto, que llegó a alcanzar la friolera de 3000 habitantes, no acabó la riada, sino que cuando habían mejorado los ascesos y había llegado, anque muy tímidamente, algún servicio como la electricidad, la especulación y los favoritismos hacia personajes cercanos al dictador, como un tal Villalonga, que compró la totalidad de los terrenos, fueron expulsados todos sus habitantes y derribadas todas sus barracas con el objeto de construír una urbanización de lujo, dado su privilegiado emplazamiento, para gente pudiente; dando lugar a un nuevo ghetto, pero esta vez de alto standing.
(Continuará con otros tiempos y otros ghettos)