"La Princesa del Pueblo"
O, la vulgaridad elevada a la máxima potencia
Sábado 25 de Septiembre de 2010
Hay fenómenos de popularidad que lo dejan a uno patitieso por sus dimensiones y por su incomprensible y desproporcionada repercusión social. Uno de ellos es el que afecta (¡ y de qué manera!) a Belén Esteban, cuya permanente y cansina presencia en los medios, nos sorprende a todos, y a muchos, nos indigna porque no encontramos explicación alguna a este hecho.
Belén Esteba es un producto televisivo, cuyo germen se puede situar en un hecho no muy corriente, pero tampoco excepcional: el casamiento de una mujer joven, sin recursos económicos ni culturales con un torero famoso, que tampoco tiene cultura ni nada que envidiarle a ella, excepto en el dinero. A partir de este hecho, Belen Esteban encuentra un hueco en los medios, pero como mujer del torero, no por méritos propios (que no tenía ni tiene ninguno) en cambio, a partir del nacimiento de una niña, fruto de esa relacción y especialmente a partir de su separación con Jesulín de Ubrique, Belén Esteban se situa mediáticamente en un plano superior al del torero adquiriendo un protagonismo inusitado y que consigue, despotricando de su ex-marido y haciéndose víctima, junto a su hija, (a quien ha utilizado siempre para sus fines) de lo abandonadas que se ven, especialmente su hija Andrea, por parte de su padre, Jesulín de Ubrique.
Es a partir de esta situación, cuando los medios televisivos empiezan a ver en Belen Esteban un filón que no estaban dispuestos a perder. Reunía todos los ingredientes necesarios para cocinar con ella un plato que sería del agrado de la plebe; del agrado de esa gente a la que se le puede dar gato por liebre sin dificultad alguna. Y ahí está el gato, bien cocinado y al que cada día se le añade un nuevo condimento con el objeto de que no pierda ni un ápice de su sabor.
No culpo a Belen Esteban de esta situación, porque no es una persona que reuna un mínimo de condiciones intelectuales, artísticas, ni de ningún tipo, como para influenciar por ella misma en el mantenimiento de este boom mediático. Belén Esteban es vulgar, soez, maleducada, analfabeta, es fea, tiene voz de pito. Además, a pesar del mucho tiempo que lleva ocupando los platós, no sabe estar delante de las cámaras y se comporta como una verdulera (con todos mis respetos hacia estas profesionales) dando siempre una triste y ordinaria impresión.
Belén Esteban, a quién se ha bautizado demagógicamente, y estoy convencido que con sorna, como Princesa del Pueblo, es un producto con fecha de caducidad al que se va a continuar exprimiendo y manipulando mientras que el personal, (y continuo con el simil del plato cocinado) finalmente se de cuenta que no es conejo lo que le están ofreciendo y que este tipo de contenidos televisivos son un insulto a la inteligencia de las personas que los ven. Y será entonces cuando los medios que sustentan y se aprovechan de este fenómeno, los que no repararán en enviar a su producto, o plato, al cubo de la basura.


