
Era necesaria esta iniciativa de abolición de las corridas de toros en Cataluña?
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A.T.S. Domingo 20 de Diciembre de 2009
Consideraciones previas
Es bueno que la sociedad vaya tomando consciencia y sensibilidad hacia los animales, aunque esa consciencia y esa sensibilidad, está mucho más presente hacia unos que hacia otros, dependiendo, eso sí, de los gustos y preferencias personales de cada cual. No existe la misma sensibilidad por un animal doméstico: perros, gatos, caballos, etc, que por animales, cuyo trato o relación es inexistente, y en el peor de los casos, incluso existe rechazo por ellos, como pueden ser los reptiles y otros animales como ratas, ratones, etc.
Desde el punto de vista biológico, la naturaleza no hace distinciones entre ningún ser vivo, otorgándole a cada uno de ellos su función y su status dentro de la biosfera. Es el hombre y sólo él, el que determina el destino y el fin de cada animal en función del uso que pueda o no, hacer de él. Para ello, los clasifica en categorías: domésticos, salvajes, comestibles, peligrosos para su salud y su integridad física, etc. Así, a la hora de observar consideraciones éticas en la conducta con respecto al trato que debe darse a cada animal, es cuando resulta difícil y en muchos casos controvertido, establecer los límites donde situar el derecho del hombre a usar a los animales en su beneficio, y por el otro, el derecho natural del animal a subsistir.
Siempre, como decía, va haber un interés humano a la hora de separar unos animales de los otros en función de la utilidad que puede tener para él (el hombre) : Si existen raticidas, insecticidas o cualquier otro medio de aniquilación, es sencillamente por interés humano. Desde el punto de vista biológico, tanto derecho tiene un mosquito o una rata a existir, que una vaca o un perro.
Por lo tanto, partiendo de esta realidad natural, si es el ser humano quién establece los criterios de aniquilación de los animales, cualquier medio que utilice y la selección del animal, debería tener la misma consideración ética para todos ellos, o para ninguno.
Naturalmente, eso no es así, y es aquí donde lo que para unos es aceptable, no lo es para otros.
Nadie se pone a pensar en el sufrimiento de un mosquito cuando es fumigado; en el de una rata cuando es envenenada, o en el de un caracol cuando es arrojado vivo a una olla de agua hirviendo; en cambio, no ocurre lo mismo con otro tipo de animales, cuyo sufrimiento y muerte, si es infringido por un ser humano, es completamente rechazable e inadmisible desde el punto de vista ético. Esta actitud es injusta y en muchos casos hipócrita, aunque la comprenda y participe de ella en cierta medida, especialmente, cuando me alimento de animales, pudiéndolo hacer con otro tipo de productos alimenticios.
Hay un animal especialmente, cuyo maltrato, sufrimiento y muerte, es objeto de un especial y radical rechazo por parte de la sociedad: el toro de lidia, de cuyo asunto, voy a ocuparme el resto del artículo.
Viene a cuento esta serie de consideraciones previas, porque ha sido planteada una iniciativa popular al Parlament de Cataluña (que da la impresión de que esté más destinado a prohibir que a tolerar) sobre la obolición de las corridas de toros en Cataluña. Dicha iniciativa de prohibir las corridas de toros, es en mi opinión, es un atentado contra la libertad y obedece más a criterios puramente identitarios que a otra cosa, aunque se intente por parte de algunos políticos, sobre todo nacionalistas, hacernos creer que no es así.
No estoy a favor de la corridas de toros, pero tampoco lo estoy en que se criminalize y se les considere algo así como verdaderos psicópatas a los aficionados a los toros; en cambio, la opinión hacia otro tipo de matanzas como pueden ser la caza, la matanza del cerdo, etc, incluso están bien vistas por la sociedad.
La caza, por ejemplo, pudiera haber estado justificada hasta cierto punto, cuando se practicaba por pura necesidad, pero en la actualidad, en la mayoría de los casos, se hace por puro placer; hasta el punto, de que las presas (conejos,liebres, aves, etc) se echan al cubo de la basura. La matanza del cerdo, tan popular y tan arraigada en cualquier lugar de este país, y que he tenido la desgracia de presenciar en más de una ocasión, es un espectáculo sangriento, repugnante y cruel, cuyos detalles omito por respeto a la sensibilidad de las personas que pudieran leer esto.
Nunca, a pesar de mi opinión contraria a las corridas de toros, he pensado que el aficionado a esta fiesta nacional (con cuya denominación tampoco estoy de acuerdo) haya ido a una plaza de toros con el propósito morboso y sádico de deleitarse con el sufrimiento y muerte del animal. Creo, no sé si con demasiado acierto, que el aficionado a los toros asiste a una corrida con el propósito de presenciar un espectáculo donde se conjugan elementos de habilidad, valentía, bravura del animal, arte y emoción; e incluso, una connivencia entre el toro, el torero y el público, de connotaciones metafísicas.
A través de la historia, siempre hubo grandes intelectuales, artistas, políticos, etc, tanto españoles como extranjeros, poco sospechosos de tener una conducta y una moral que pudiera hacer pensar que eran unos depravados psicópatas. Entre ellos, el profesor Tierno Galván, quién llego a decir: "Los toros son el acontecimiento que más ha educado social, e incluso políticamente, al pueblo español". Otro poeta, poco sospechoso de ser un facha mesetario y taurino, como era Federico García Lorca, llego a decir:"la fiesta de toros es la más culta que hay hoy en el mundo y el toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España". Y así un sin fin de destacadas personalidades como: Góngora, Quevedo, Nicolas Fernández de Moratin, el mencionado Lorca, Alberti, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Antonio y Manuel Machado, Gerardo Diego, Chaves Nogales, Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala, Salvador de Madariaga, Américo Castro, José Bergamín, Camilo José Cela, y tantos otros. Así que calificar a las corridas de toros como una cosa de ignorantes y fascistas, es la mayor equivocación que se puede cometer. Otra cosa es que me identifique con cuanto dicen, y que me hayan hecho cambiar de opinión, que en la mayoria de los casos es que no, pero estoy seguro, que yo tampoco hubiera sido capaz de convencerlos a ellos.
Sin querer justificar la existencia de las corridas de toros, si que hay algo que se debería tener en cuenta: Sin corridas de toros, este animal se extinguirá, porque por su naturaleza irreductible y peligrosa, es imposible darle cualquier otra utilidad que no sea la lidia. Su destino, en el caso que quisiera preservarse la especie, sería peor que la extinción, porque ésta, consistiria en el confinamiento en un zoológico sin el necesario espacio vital para desarrollarse con la libertad necesaria para subsistir, o en su defecto, la muerte indigna en un matadero. La verdad es que alternativas para dejar a todo el mundo contento hay pocas y las pocas que hay, son radicalmente opuestas.
Nunca presencié ni presenciaré jamás, una corrida de toros; así que poco interés puedo tener en que se mantengan , pero creo no obstante, que esta abolición o prohibición no hacía falta. No hacía falta porque las corridas de toros están extinguidas de Cataluña practicamente desde hace tiempo y lo poco que queda, acabaría extinguiéndose en breve. Pero claro, si las corridas de toros o el interés por ellas, desaparece sin prohibiciones, quién se apuntaría el punto político? Era urgente, antes de que desapareciera, emprender cuanto antes una iniciativa de prohibición para así poder arrogarse el mérito de haber contribuido en la desaparición de este espectáculo taurino. Sobre todo, los nacionalistas independentistas cuya beligerancia contra cualquier elemento cultural español, ha sido siempre una constante en su acción política.
No dudo que en la votación, que ha sido secreta, haya habido alguien cuyo voto afirmativo haya obedecido a criterios puramente éticos, pero tampoco dudo en cambio, que los nacionalistas han votado desde una convición ideológica identitaria, donde es fácil deducir que tal y como prohibieron en algunas poblaciones costeras la venta de objetos cuya estética fuera aflamencada, en esta votación afirmativa, no había en su intención ningún tipo de consideración ética hacia el sufrimiento y muerte de un toro en una corrida, y sí, la desaparición de otro símbolo español más en Cataluña.
Tengo curiosidad por saber cual será la próxima prohibición; aunque después de ver como se prohibe rotular en castellano, bajo sanción; como se envían felicitaciones navideñas por parte de orgamismos oficiales en Cataluña en cualquier idioma excepto en español, etc, etc, uno puede esperar cualquier cosa. Supongo, que si las corridas de toros en un futuro cercano, son consideradas un acto completamente delictivo, cantar, leer o escribir a favor de este espectáculo, por coherencia jurídica, quedarán prohibidos tambien, sopena ser acusados de apología en favor de las corridas de toros.
Las corridas de toros deberían desaparecer, desde mi punto de vista, pero no deberían hacerlo a base de decreto, y porque unos cuantos políticos lo decidan. La afición, tanto en España como en el resto de paises donde se practica este espectaculo taurino, va disminuyendo y cabe pensar que los toros existiran mientras haya personas que asistan a las plazas. En el momento que una corrida de toros deje de ser negocio, se acabará. El tiempo en que esto suceda es dificil de preveer, pero sucederá y sin motivos ni lugar para la discusión. Como hoja seca en otoño, acabará cayendo por su propio peso.
(sujeto a posibles modificaciones y ampliaciones)