
Finalista concurso de relatos cortos de la editorial Booket edición 2009
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Todo fue por un favor, porque ya sabes que yo nunca sabía decir que no y ellos también sabían eso.Y me tuvo que pasar cuando ya no trabajaba allí y cuando, de nuevo estaba decidido a no volver nunca más. Acuérdate que yo siempre estaba allí de vuelta, que me había ido muchas veces pero que había vuelto otras tantas porque siempre que me iba yo, al poco tiempo también se marchaba alguien. Entonces se cordaban de mi porque ninguna de las veces que me había ido les había dicho que lo hacía porque me acababan hartando y porque aquella dichosa carretera que conducía al restaurante me empezaba a poner los pelos de punta. Me llamaban para ver si podía hacer un servicio extra y yo iba, sabiendo de antemano que no sólo sería aquel día y si volvía sería para quedarme un tiempo. Pero es que en el fondo y a pesar de todo, creo que me gustaba volver. Sentía como si el destino estuviera empeñado en que acabara volviendo siempre, aunque yo por entonces no creyera mucho en esas cosas.Y eso que no había podido quitarme de la cabeza aquellos dos accidentes. Sobre todo el segundo ¿Te acuerdas, no? En ese si que me salvé por poco. En ese si que me vi cerca de la muerte, porque después de estrellarme contra un árbol me dio la sensación de ir hundiéndome, de ir arrastrándome hasta el abismo de un sueño muy pesado y muy hondo.Y sin embargo, también me parecía estar flotando, me parecía estar suspendido en el aire del cementerio en el que están enterrados el tito Lolo y el abuelo Rafael, al mismo tiempo que escuchaba la voz cansada de papa que me repetía una y otra vez,lo mismo: " ya te decía yo que no corrieras tanto". Pero su voz se fue apagando por culpa de otra que venía desde más cerca y con más fuerza: "¡Fuego, fuego!" Al final pude abrir los ojos, ver que el capó del coche ardía y salir corriendo. Pues a pesar de que tenia el miedo latente cada vez que me montaba en el coche para ir al restaurante después de aquello, a pesar de que siempre que me llamban para que fuera, yo les decía que sí. Esta vez ni siquiera tuvieron que tomarse la molestia de llamarme porque yo ya estaba en el restaurante. Había ido para que me firmaran unos papeles del paro porque ya te he dicho que estaba decidido a no volver, que estaba decidido a olvidarme de la dichosa carretera aquella. Pero cuando ya me estaba despidiendo y me venía para aquí, sonó el teléfono. "Ha tenido un accidente con la moto y no puede venir" Te juro que aunque yo no creyera ni en la fatalidad ni en el destino, eso fue lo primero que se me pasó por la cabeza. Le volvía a faltar un camarero a última hora y ahora ni tenían que hacer el esfuerzo de acordarse de mí porque me tenían delante. Entonces me dijeron: " ¿Podrías hacernos un favor muy grande?" Y yo de nuevo, no supe decir que no. Además era un domingo al mediodía y yo sabía que allí un domingo al mediodía se trabaja mucho. Y tambien me acordaba de lo nerviosos que nos poníamos todos cuando yo trabajaba allí y alguien faltaba a ese servicio. Así que quise hacerles aquel favor que me pedían. "No hace falta que vayas a tu casa, aquí tengo ropa." Pero yo me vine para casa. Me vine a buscar mi pantalón, mi camisa y mis zapatos sin saber muy bien por qué y sin pensar demasiado en que me pudiera volver a pasar. Y ya ves, pasó. acuérdate de que nos lo decía mama cuando pasaba una cosa de estas. "eso es el destino." Y acuérdate de que yo siempre le decía que no, que eso no era por el destino y que no había que hacer caso a esas cosas. Pero ella insistía. Y dale con el destino, le decía yo que por qué creía en esas cosas. "No sé hijo, no sé." Pues fíjate, parece que tenía razón. Porque esto ha debído de ser por el destino, otra vez el dichoso destino, el mismo que estaba empeñado en que yo acabara volviendo siempre.
Pués a mi lo que me pasaba es que algo me dolía mucho por ahí dentro, por donde dicen que stá el alma y el corazón, como si tuviera una herida muy grande y muy abierta que de tan grade y tan abierta que la sentía hasta vértigo me daba. Tendría que que estar desangrándome con la herida esa tan grande, pero ya ni veía ni sentía la sangre. La sangre la vi idespués, incluso noté su sabor en la boca cuando decidí tragarme la vida. Porque no sabes bien lo que me dolía aquel dolor tan sin sangre, tan sin carne, tan por dentro, tan sin fin. Tan sin fin que ni el tiempo iba acabar con él porque eso de que el tiempo lo cura todo es mentira, el tiempo no cura nada, es el olvido el que se encarga de esas cosas. Y el caso es que a mí si que se me olvidó algo, se me olvidó, olvidar. Por eso iba pensando en tantas cosas. En tantas y en tan pocas al vez. Con lo malo que es pensar tanto, con lo malo que es eso.Y más cuando uno no puede dejar de pensar en lo que no quiere pensar, cuando uno sólo piensa en aquello que quiere olvidar con todas sus fuerzas y cuando más intenta olvidarlo más lo recuerda y cuanto más lo recuerda más le duele lo que recuerda. Como cuando no tienes sueño, que quieres dormirte y no puedes, y mientrasmás intentas dormirte más despierto estás y mientras más despierto estás más vueltas das a la cama. Vueltas, vueltas y más vueltas, como el mundo, que está girando siempre. Pues asi iba yo, con la cabeza dándome vueltas de tanto pensar en que no quería pensar. Iba pensando en los cielos, en por qué se tienen que acabar nublando todos, con lo bonitos que está azules. También pensaba en que porqué acaba lloviendo siempre, con lo poco que amí me gustala lluvia y más si la lluvia es triste y amarga y te va calando muy dentro, hasta los huesos quizá. Alo mejor me estaba doliendo eran los huesos. O a lo mejor me estaba pudriendo por dentro por la humedad de la lluvia triste y amarga. No lo sé. El caso es que me dolía todo mucho y la cabeza me daba vueltas de tanto pensar y de tanto llover. Caía tanta agua amarga que a lo mejor por eso busqué la sal de las lágrimas. Pero no, no la busqué porque ya estaba empapado, ¿entiendes?, no quería ni sal ni lágrimas, así que eso es mentira. Mentira, mentira y mentira. No quería más agua. Pero, ¿y las ganas? ¿quién me quitaba a mi las ganas de llorar? y si nadie me las quitaba, ¿quién las quería?, ¿a quién se las daba yo? Pues a nadie, a nadie porque eran mias y para mí, y eso que yo no las quería y por eso me las aguantaba y eso que de tanto aguantármelas me estaba ahogando en esas lágrimas que cada vez me costaba más aguantarme. Al final lloré. No me acordaba de eso, de que además de ir pensando, de darme vueltas la cabeza, de ir soportando el dolor de aquella herida tan grande, también iba llorando. Será por eso que se me nubló la vista, o el pensamiento, o yo que sé qué. Porque algo se me nubló aparte del cielo, algo se me nubló que ya no vi ni los coches ni la carretera ni nada de fuera. Sólo me veía por dentro . Me veía la herida esa tan profunda y me asomaba para verle el fondo pero sólo veía..., nada, no veía nada. Ahora no sabes como me dolía aquello, tanto que aún me nubló más la vista, o yo qué sé qué. Tanto que ya no vi nada, nisiquiera el miedo. Solo noté el sabor a sangre en la boca.
No sé por qué me acordaba de aquello. "yo en esta vida quiero reir y pasármelo bien, sobre todo reirme mucho." Eso siempre se me estuvo repitiendo en la conciencia como un eco, ¿sabes?, "reir y pasármelo bien". Me lo había dicho cuando la conocí, y recuerdo que entonces me enfadé muchísimo. Le dije que la vida era algo muy serio como para sólo querer reir. Y mira lo que son las cosas. Si yo sólo hubiera querido reir y divertirme, habría salido el sábado por la noche, me habría emborrachado como siempre y el domingo hubiera tenido tanta resaca que no habría ido al restaurante a llevar nada, no habría vuelto me habría quedado donde tenía que quedarme, con vosotros, porque poco a poco, iba volviendo menos, poco a poco me iba olvidando de la dichosa carretera. Pero no,claro, tuve que querer volver y tentar la suerte. Bueno, la suerte o el destino que decía mama, no lo sé.
Yo me iba a arrastrar por la vida por inercia, y es muy triste arrastrase por la vida sin ganas a cuestas. Es muy fácil, pero muy triste. Y a mi me podía más la tristeza que la inercia y me podía más no quererme arrastrar. No me daba la gana vivir, no, no me daba la gana. Vivir porque sí, no. Me encontraba el alma y no me la encontraba, no sé si es qu estaba encogida de dolor o es qu ese me había caído al suelo sin darme cuenta. Y así, sin alma, no podía seguir viviendo. Y ya no quise buscarla más. Bueno, no quise ir a buscarla, porque al final ya sabía dónde estaba, ya sabía al lado de quién se había quedado. Ni encogida de dolor ni en el suelo, eso al principio. Despues se quedó con ella.
"Ve con cuidado." Sí. "No corras."No. Con cuidado y sin correr. Así tenía que ir...,y así fuí. Pero ¿para qué? ya me dirás tú de que me sivió. Me lo dijeron en el restaurante cuando me venía para casa a buscar la ropa, y aquí me lo dijo mama, que sabía como se las gastaba el destino. Y es curioso porque hasta casa llegaba siempre. Parecía como si la muerte me hubiera estado esperando siempre a la derecha de la carretera que iba para el restaurante, porque las dos veces que la había ivsto tan cerca iba para allí. Yendo o viniendo no parecía la misma carretera, de verdad que no. Por so no sé por qué me gustaba ir, por qué me gustaba volver. Ahora hasta me hacía gracia. Seguro que cuando os lo dijeron otra vez pensasteis que de nuevo había tenido yo la culpa, que otra vez yo me lo había buscado. Y culpa sí que tuve esta vez también, pero no por correr o por no ir con cuidado, culpa por querer hacer un favor, "un favor muy grande".
Yo me ahogaba. Me ahogaba porque las lágrimas que acabé llorando me inundaron el aire que intentaba respirar. O quizás me ahogaba porque el aire que buscaba lo estaba respirando ella. No podía respirar aunque lo intentaba, y eso que que no sabía como se intenta si no se tiene el aire. Yo hacía fuerza como desde dentro y tanta fuerza hacía que la herida se me iba abriendo más, y más.Y más me dolía mientras mas intentaba respirar. Y doliéndome todo mucho no podía dejar de pensar y de preguntarme cosas. Me preguntaba por qué podemos olvidarnos de los muertos y no podemos olvidarnos de los vivos que nos hacen daño, por qué el olvido se acuerda de unos y no de los otros. Así que no quería aire, eso tanbién era mentira. Sólo quería poder olvidar...,pero se me olvidó. No se me olvidó olvidar, se me olvidó olvidarla a ella. Eso si que se me olvidó.
Y sabes que las otras veces yo había tenido la culpa, y es que me entraba prisa cada vez que me montaba en el coche. Me daba por correr, como si tuviera la vida delante y yo corriera para que no se me escapara. O quizá huía del miedo de morir, porque uno cuando es joven no quiere tener miedo de nada, quiere ser valiente, quiere desafiar tantas cosas... Y sin embargo me había salvado, me había salvado dos veces. En eso pensaba siempre que iba al restaurante, poco a poco, pero pensaba. Y pensaba porque cada vez que iba pasaba por delante de donde había tenido los dos accidentes. Cada vez que pasaba, miraba. Miraba y me acordaba de cada uno de ellos, poco o mucho, pero me acordaba. Aquel día volví a pasar por allí y me volví a acordar, porque hay cosas que aunque se van olvidando, no se olvidan del todo. Por eso ya no corría, ¿sabes?, por eso ya no tenía prisa. Antes ni tiempo tenía de pensar de lo rápido que iba. Ahora iba tranquilo porque asi tenía tiempo para pensar en mis cosas. Como aquel día, que iba pensando en por qué siempre acababa volviendo al restaurante, por qué parecía que mi destino estuviera allí en aquella carretera. En eso tambien pensaba en la fatalidad del destino, aunque yo por entonces no creyera mucho en en esas cosas. Fíjate que tenía la sensación de que iba a estar volviendo siempre. Y sigo volviendo, pero ahora por los recuerdos, porque hay cosas que aunque se van olvidando, no se olvidan del todo, no se olvidan nunca.
Yo antes de acabar no viendo nada, veía demasiadas cosas. Veía, pensaba y me preguntaba cosas que no quería ni ver ni pensar ni preguntarme. Quería que se me fuera la vista lejos, pero la vista se me iba hacia dentro. Me veía la herida esa tan profunda, me veía sin alma, me veía sin aire, la veía a ella sin querer vella...,y yo no quería ver todo eso.Quería poder cerrar los ojos y dejar de ver lo que me hacía daño. Pero no podía porque lo que me hacía daño no lo veía con los ojos. Aún así los cerraba a veces para ver si dejaba de ver lo que no quería ver. Al revés. Si los cerraba, aún lo veía mejor. Será por eso que quise tener los ojos bien abiertos. Pero de tanto llorar, de tanto pensar, de tanto ver sin ellos, lo de fuera se me iba nublando cada vez más y más. Y tan nublado estaba que acabé no viendo nada. Sólo tuve tiempo de ver un coche que se acercaba de frente.
Te digo que sólo recuerdo ir pensando en mis cosas y haber pasado por los dos sitios donde había tenido los accidentes. Así que debía llevar más de la mitad del camino, me debía quedar bastante poco para poder hacerles aquel favor. Pero ya no me acuerdo de más. No sé qué pasó pero a alguien le oí decir que no había sido la culpa mía. Tampoco sé a quién se lo oí decir ni cuando, porque aún hoy lo sigo viendo todo como una especie de sueño que intento reconstruir y no puedo porque sólo recuerdo imágenes perdidas, y no sé cuál va antes o cuál va después. Ya te digo, como en un sueño, sin lógica ni tiempo. Asi que no sé quien lo dijo ni cuando, pero se ve que la culpa no fue mía, fue de otro coche que vino de frente, que quiso encontrarme y me encontró.
Yo vi como se acercaba aquel coche. Se acercaba él y me acercaba yo. Nos acercábamos el uno al otro como cuando te acercas aun espejo y tú yo de detrás se te va acercando de la misma manera que tú te acercas a él. Y entoces lo miras, te miras y crees que eres tú el que está detrás, pero no, no eres tú, eres tú del revés. Y tú sabes que por mucho que os vayais acercando, al final el frío del espejote va acabar separando de lo que hay al otro lado. Pero uno siente frío con el miedo y yo ya te he dicho que había dejado de verlo, que ya no me importaba no verlo, ya no me importaba nada. Yo sabía que allí no había ningún espejo, pero me pareció acercarme a algo parecido porque en el otro coche creí verme a mi mismo.
Fíjate, también recuerdo que otra vez tuve la sensación de estar cayendo hacia un abismo de sueño eterno y estar flotando al mismo tiempo en el aire. También oí a alguien, aunque esta vez no acabé de reconocer su voz. Y hablaba en silencio, como cuando piensas o duermes, que las palabras no tienen sonido. Pero yo puedo oirlo, más bien sentirlo. Y sentí que algo le dolía mucho por ahí dentro.
Y me vi yendo al restaurante cuando todavía iba para volver porque yo siempre acababa volviendo. Me ví cuando aún era feliz porque volvía por aquella dichosa carretera, cuando todavía veía lo bonitos que son los cielos cuando están azules, cuando todavía no había visto las nubes ni la lluvia triste, cuando aún no tenía ni ganas de llorar ni lágrimas que aguantarme, cuando aún no creía en esas cosas que decía mi madre del destino. Me ví volviendo al restaurante para hacer un favor, un favor muy grande, aunque diera toda la vida por él, por ellos. A mí entonces eso me daba igual como ahora me daba igual todo. Me daba gual porque parecía que el destino estuviera empeñado en que yo acabara volviendo siempre. Y yo, no vi el espejo, sólo noté el sabor a sangre en la boca antes de cruzarlo.
Pués a mi lo que me pasaba es que algo me dolía mucho por ahí dentro, por donde dicen que stá el alma y el corazón, como si tuviera una herida muy grande y muy abierta que de tan grade y tan abierta que la sentía hasta vértigo me daba. Tendría que que estar desangrándome con la herida esa tan grande, pero ya ni veía ni sentía la sangre. La sangre la vi idespués, incluso noté su sabor en la boca cuando decidí tragarme la vida. Porque no sabes bien lo que me dolía aquel dolor tan sin sangre, tan sin carne, tan por dentro, tan sin fin. Tan sin fin que ni el tiempo iba acabar con él porque eso de que el tiempo lo cura todo es mentira, el tiempo no cura nada, es el olvido el que se encarga de esas cosas. Y el caso es que a mí si que se me olvidó algo, se me olvidó, olvidar. Por eso iba pensando en tantas cosas. En tantas y en tan pocas al vez. Con lo malo que es pensar tanto, con lo malo que es eso.Y más cuando uno no puede dejar de pensar en lo que no quiere pensar, cuando uno sólo piensa en aquello que quiere olvidar con todas sus fuerzas y cuando más intenta olvidarlo más lo recuerda y cuanto más lo recuerda más le duele lo que recuerda. Como cuando no tienes sueño, que quieres dormirte y no puedes, y mientrasmás intentas dormirte más despierto estás y mientras más despierto estás más vueltas das a la cama. Vueltas, vueltas y más vueltas, como el mundo, que está girando siempre. Pues asi iba yo, con la cabeza dándome vueltas de tanto pensar en que no quería pensar. Iba pensando en los cielos, en por qué se tienen que acabar nublando todos, con lo bonitos que está azules. También pensaba en que porqué acaba lloviendo siempre, con lo poco que amí me gustala lluvia y más si la lluvia es triste y amarga y te va calando muy dentro, hasta los huesos quizá. Alo mejor me estaba doliendo eran los huesos. O a lo mejor me estaba pudriendo por dentro por la humedad de la lluvia triste y amarga. No lo sé. El caso es que me dolía todo mucho y la cabeza me daba vueltas de tanto pensar y de tanto llover. Caía tanta agua amarga que a lo mejor por eso busqué la sal de las lágrimas. Pero no, no la busqué porque ya estaba empapado, ¿entiendes?, no quería ni sal ni lágrimas, así que eso es mentira. Mentira, mentira y mentira. No quería más agua. Pero, ¿y las ganas? ¿quién me quitaba a mi las ganas de llorar? y si nadie me las quitaba, ¿quién las quería?, ¿a quién se las daba yo? Pues a nadie, a nadie porque eran mias y para mí, y eso que yo no las quería y por eso me las aguantaba y eso que de tanto aguantármelas me estaba ahogando en esas lágrimas que cada vez me costaba más aguantarme. Al final lloré. No me acordaba de eso, de que además de ir pensando, de darme vueltas la cabeza, de ir soportando el dolor de aquella herida tan grande, también iba llorando. Será por eso que se me nubló la vista, o el pensamiento, o yo que sé qué. Porque algo se me nubló aparte del cielo, algo se me nubló que ya no vi ni los coches ni la carretera ni nada de fuera. Sólo me veía por dentro . Me veía la herida esa tan profunda y me asomaba para verle el fondo pero sólo veía..., nada, no veía nada. Ahora no sabes como me dolía aquello, tanto que aún me nubló más la vista, o yo qué sé qué. Tanto que ya no vi nada, nisiquiera el miedo. Solo noté el sabor a sangre en la boca.
No sé por qué me acordaba de aquello. "yo en esta vida quiero reir y pasármelo bien, sobre todo reirme mucho." Eso siempre se me estuvo repitiendo en la conciencia como un eco, ¿sabes?, "reir y pasármelo bien". Me lo había dicho cuando la conocí, y recuerdo que entonces me enfadé muchísimo. Le dije que la vida era algo muy serio como para sólo querer reir. Y mira lo que son las cosas. Si yo sólo hubiera querido reir y divertirme, habría salido el sábado por la noche, me habría emborrachado como siempre y el domingo hubiera tenido tanta resaca que no habría ido al restaurante a llevar nada, no habría vuelto me habría quedado donde tenía que quedarme, con vosotros, porque poco a poco, iba volviendo menos, poco a poco me iba olvidando de la dichosa carretera. Pero no,claro, tuve que querer volver y tentar la suerte. Bueno, la suerte o el destino que decía mama, no lo sé.
Yo me iba a arrastrar por la vida por inercia, y es muy triste arrastrase por la vida sin ganas a cuestas. Es muy fácil, pero muy triste. Y a mi me podía más la tristeza que la inercia y me podía más no quererme arrastrar. No me daba la gana vivir, no, no me daba la gana. Vivir porque sí, no. Me encontraba el alma y no me la encontraba, no sé si es qu estaba encogida de dolor o es qu ese me había caído al suelo sin darme cuenta. Y así, sin alma, no podía seguir viviendo. Y ya no quise buscarla más. Bueno, no quise ir a buscarla, porque al final ya sabía dónde estaba, ya sabía al lado de quién se había quedado. Ni encogida de dolor ni en el suelo, eso al principio. Despues se quedó con ella.
"Ve con cuidado." Sí. "No corras."No. Con cuidado y sin correr. Así tenía que ir...,y así fuí. Pero ¿para qué? ya me dirás tú de que me sivió. Me lo dijeron en el restaurante cuando me venía para casa a buscar la ropa, y aquí me lo dijo mama, que sabía como se las gastaba el destino. Y es curioso porque hasta casa llegaba siempre. Parecía como si la muerte me hubiera estado esperando siempre a la derecha de la carretera que iba para el restaurante, porque las dos veces que la había ivsto tan cerca iba para allí. Yendo o viniendo no parecía la misma carretera, de verdad que no. Por so no sé por qué me gustaba ir, por qué me gustaba volver. Ahora hasta me hacía gracia. Seguro que cuando os lo dijeron otra vez pensasteis que de nuevo había tenido yo la culpa, que otra vez yo me lo había buscado. Y culpa sí que tuve esta vez también, pero no por correr o por no ir con cuidado, culpa por querer hacer un favor, "un favor muy grande".
Yo me ahogaba. Me ahogaba porque las lágrimas que acabé llorando me inundaron el aire que intentaba respirar. O quizás me ahogaba porque el aire que buscaba lo estaba respirando ella. No podía respirar aunque lo intentaba, y eso que que no sabía como se intenta si no se tiene el aire. Yo hacía fuerza como desde dentro y tanta fuerza hacía que la herida se me iba abriendo más, y más.Y más me dolía mientras mas intentaba respirar. Y doliéndome todo mucho no podía dejar de pensar y de preguntarme cosas. Me preguntaba por qué podemos olvidarnos de los muertos y no podemos olvidarnos de los vivos que nos hacen daño, por qué el olvido se acuerda de unos y no de los otros. Así que no quería aire, eso tanbién era mentira. Sólo quería poder olvidar...,pero se me olvidó. No se me olvidó olvidar, se me olvidó olvidarla a ella. Eso si que se me olvidó.
Y sabes que las otras veces yo había tenido la culpa, y es que me entraba prisa cada vez que me montaba en el coche. Me daba por correr, como si tuviera la vida delante y yo corriera para que no se me escapara. O quizá huía del miedo de morir, porque uno cuando es joven no quiere tener miedo de nada, quiere ser valiente, quiere desafiar tantas cosas... Y sin embargo me había salvado, me había salvado dos veces. En eso pensaba siempre que iba al restaurante, poco a poco, pero pensaba. Y pensaba porque cada vez que iba pasaba por delante de donde había tenido los dos accidentes. Cada vez que pasaba, miraba. Miraba y me acordaba de cada uno de ellos, poco o mucho, pero me acordaba. Aquel día volví a pasar por allí y me volví a acordar, porque hay cosas que aunque se van olvidando, no se olvidan del todo. Por eso ya no corría, ¿sabes?, por eso ya no tenía prisa. Antes ni tiempo tenía de pensar de lo rápido que iba. Ahora iba tranquilo porque asi tenía tiempo para pensar en mis cosas. Como aquel día, que iba pensando en por qué siempre acababa volviendo al restaurante, por qué parecía que mi destino estuviera allí en aquella carretera. En eso tambien pensaba en la fatalidad del destino, aunque yo por entonces no creyera mucho en en esas cosas. Fíjate que tenía la sensación de que iba a estar volviendo siempre. Y sigo volviendo, pero ahora por los recuerdos, porque hay cosas que aunque se van olvidando, no se olvidan del todo, no se olvidan nunca.
Yo antes de acabar no viendo nada, veía demasiadas cosas. Veía, pensaba y me preguntaba cosas que no quería ni ver ni pensar ni preguntarme. Quería que se me fuera la vista lejos, pero la vista se me iba hacia dentro. Me veía la herida esa tan profunda, me veía sin alma, me veía sin aire, la veía a ella sin querer vella...,y yo no quería ver todo eso.Quería poder cerrar los ojos y dejar de ver lo que me hacía daño. Pero no podía porque lo que me hacía daño no lo veía con los ojos. Aún así los cerraba a veces para ver si dejaba de ver lo que no quería ver. Al revés. Si los cerraba, aún lo veía mejor. Será por eso que quise tener los ojos bien abiertos. Pero de tanto llorar, de tanto pensar, de tanto ver sin ellos, lo de fuera se me iba nublando cada vez más y más. Y tan nublado estaba que acabé no viendo nada. Sólo tuve tiempo de ver un coche que se acercaba de frente.
Te digo que sólo recuerdo ir pensando en mis cosas y haber pasado por los dos sitios donde había tenido los accidentes. Así que debía llevar más de la mitad del camino, me debía quedar bastante poco para poder hacerles aquel favor. Pero ya no me acuerdo de más. No sé qué pasó pero a alguien le oí decir que no había sido la culpa mía. Tampoco sé a quién se lo oí decir ni cuando, porque aún hoy lo sigo viendo todo como una especie de sueño que intento reconstruir y no puedo porque sólo recuerdo imágenes perdidas, y no sé cuál va antes o cuál va después. Ya te digo, como en un sueño, sin lógica ni tiempo. Asi que no sé quien lo dijo ni cuando, pero se ve que la culpa no fue mía, fue de otro coche que vino de frente, que quiso encontrarme y me encontró.
Yo vi como se acercaba aquel coche. Se acercaba él y me acercaba yo. Nos acercábamos el uno al otro como cuando te acercas aun espejo y tú yo de detrás se te va acercando de la misma manera que tú te acercas a él. Y entoces lo miras, te miras y crees que eres tú el que está detrás, pero no, no eres tú, eres tú del revés. Y tú sabes que por mucho que os vayais acercando, al final el frío del espejote va acabar separando de lo que hay al otro lado. Pero uno siente frío con el miedo y yo ya te he dicho que había dejado de verlo, que ya no me importaba no verlo, ya no me importaba nada. Yo sabía que allí no había ningún espejo, pero me pareció acercarme a algo parecido porque en el otro coche creí verme a mi mismo.
Fíjate, también recuerdo que otra vez tuve la sensación de estar cayendo hacia un abismo de sueño eterno y estar flotando al mismo tiempo en el aire. También oí a alguien, aunque esta vez no acabé de reconocer su voz. Y hablaba en silencio, como cuando piensas o duermes, que las palabras no tienen sonido. Pero yo puedo oirlo, más bien sentirlo. Y sentí que algo le dolía mucho por ahí dentro.
Y me vi yendo al restaurante cuando todavía iba para volver porque yo siempre acababa volviendo. Me ví cuando aún era feliz porque volvía por aquella dichosa carretera, cuando todavía veía lo bonitos que son los cielos cuando están azules, cuando todavía no había visto las nubes ni la lluvia triste, cuando aún no tenía ni ganas de llorar ni lágrimas que aguantarme, cuando aún no creía en esas cosas que decía mi madre del destino. Me ví volviendo al restaurante para hacer un favor, un favor muy grande, aunque diera toda la vida por él, por ellos. A mí entonces eso me daba igual como ahora me daba igual todo. Me daba gual porque parecía que el destino estuviera empeñado en que yo acabara volviendo siempre. Y yo, no vi el espejo, sólo noté el sabor a sangre en la boca antes de cruzarlo.