viernes, 29 de mayo de 2009

El forofismo futbolero




Cada vez entiendo menos que algo tan banal, tan intrascendente y tan poco edificante, como es, unos cuantos individuos corriendo detrás de una pelota, despierte tantas pasiones y tan irracionales entre las masas sin distinción de edad, sexo, condición social, origen, raza, nivel cultural, etc..


Ningún otro deporte, espectáculo de cualquier actividad artistica, evento politico, cultural o religioso, etc, consigue aunar y movilizar a tanta gente como lo hace el fútbol. Personalmente, no acabo de verle el mérito suficiente como para que arrastre a tanta gente y la enfervorice hasta los extremos tan demenciales con que lo hace; tanto, que el futbolista, puede adquirir la condición de héroe por parte de sus aficionados con la consecución de una victoria que signifique la conquista de un trofeo o de una competición. Aunque esta herocididad pende siempre, de que la pelota entre o no en la portería, sin que el aficcionado tenga en cuenta nunca, los factores que hayan podido facilitar o impedir que ese hecho se consuma.

No es el aficcionado en este caso, tan incondicional como puede llegar a creerse y no hay herocidad que valga si en el último segundo del partido no acierta en introducir la pelota en la red, aunque se haya dejado el jugador la piel en el campo durante todo el partido. Así que una cosa queda clara en el comportamiento de un forofo futbolero: que por encima de cualquier otra consideración, lo único que cuenta es el resultado final; con lo cual quedaría fuera de toda duda, que el aficionado al fútbol no va a un partido a deleitase con las posibles habilidades y vistosidad, si la hubiera, de su equipo, o incluso del equipo contrario, sino que espera y desespera durante el tiempo que dura el partido, para disfrutar, si gana y para sufrir, si pierde.

Quizás sea esa incertidumbre y esa mezcla de júbilo y sufrimiento, lo que motiva, embriaga y alimenta al aficcionado al fútbol; convirtiéndolo en un esclavo de los caprichos, muchas veces azarosos, de los resultados del equipo al que es adepto.
Supongo tambien, pero vaya usted a saber...que por sus caracteristicas de conjunto y la gran cantidad de individuos que participan en un partido, pudiera el personal encontrar en este hecho la motivación necesaria para adiccionarse a este deporte en calidad de espectador, claro. Espectador, que en la mayoría de los casos, por la tensión a la que se somete en un partido y por las razones anteriormente expresadas, se puede llegar a convertir (que se convierte más de lo que sería deseable) en un ser incapaz de controlar sus bajos instintos y desahogarse sin reparos de todas las fustraciones y contrariedades de las que pudiera ser objeto en esos momentos, a base de insultos, descalificaciones e incluso agresiones físicas, hacia el arbitro, jugadores, espectadores...
No hay un solo nivel profesional o amateur, por elemental que sea, donde el forofismo no deje ver su cara más perversa. Desde equipos de niños de corta edad, hasta profesionales de élite, pasado por todas las categorías y niveles intermedios, el forofismo tiene las mismas características: intolerancia hacia el contrario, subjetividad total, envidia malsana, odio, egoísmo a raudales, etc, etc.


Bastaría ir a un campo cualquiera, un dia cualquiera, donde juegan dos equipos cualquiera, para comprobar que el forofismo futbolero es vergonzante en cualquier ámbito, en cualquier categoría y en cualquier situación. En pocos lugares encontraremos donde se insulte y se agreda con la vehemencia y falta de respeto que se hace hacia jugadores, arbitros y forofos contrarios, como en un campo de fútbol. Me sorprende, que en algunos espectáculos mucho más pácificos, tengan los niños prohibida la entrada y en cambio en el fútbol, incluso se fomenta.

No es el fútbol, o mejor dicho, el forofísmo futbolero, una conducta que esté resevada a ciertas capas sociales e intelectuales, como a veces se ha dicho. No hay edad, sexo, condición social, ideología, cultura, religión, origen, que quede excluída de este fanatismo. Es tanto, el inexplicable poder de seducción que tiene el fúlbol como espectáculo de masas, que nadie o muy pocos, son capaces de desentenderse de esta locura.
Debe ser la propia condición humana con su compleja psicología, la que determinaría y explicaría este fenómeno. En el forofismo futbolero, convergen todas las peores y más perversas pasiones que llevamos dentro. En esa aficción desmedida por un equipo determinado, o por varios, como veremos, es mucho mas fácil justificar la envidia, el odio, la mala educación, el egoísmo, la vanidad, la soberbia, la subjetividad, el irraciocinio, etc, que en cualquier otra faceta de nuestra vida. Un partido de fútbol, es siempre la excusa perfecta para buscar dentro de nosotros ese otro yo que todos llevamos dentro y que se encuentra sin demasiado esfuerzo.

El forofo futbolero, suele ser generoso y abierto en el sentido de que es capaz de llevar ese fanatismo que lo caracteriza, a varios equipos a la vez independientemente de su categoría; que puede ser desde un equipo infantil hasta uno de la máxima categoría nacional pasando por otros equipos locales, regionales, etc, sin que el nivel de fanatismo difiera un ápice de unos equipos a otros. Este tipo de aficionado,
siempre encuentra motivación suficiente en cualquier disputa fubolística, para tomar partido por uno de los equipos y así ejercer su particular forma de comportarse.

Un futbolero, no necesita gran cosa para poner en evidencia su conducta, pero cuando esa conducta adquiere su máxima dimensión y su locura se desboca hasta límites inexplicables, es ante una victoria de su equipo. Es entonces cuando el futbolero foribundo, se siente con los argumentos necesarios para dar rienda suelta a sus bajos instintos y eclosiona en una actitud provocadora y violenta.

Son tan perversos los sentimientos de un forofo butbolero, que encuentra en la victoria de su equipo mas placer por el sufrimiento que se le infringe alcontrario, que por la própia victoria. Un sentimiento que es recíproco, claro está, cuando sucede al revés.

Casi siempre, la rivalidad entre equipos para este tipo de gente, no es ni mucho menos deportiva, sino que el equipo al que son adectos, representa para ellos algo más que un equipo de fútbol, donde lo deportivo no es más que una pequeña connotación decorosa que suaviza y dignifica hasta cierto punto esta conducta. Dependendiendo de los casos, hay quién lleva esa rivalidad al campo de lo político, utilizando y sintiendo su equipo como una especie de ejército de liberación en el que confían y alientan con pasiones y sentimientos nacionalistas, sin escatimar medios para hacerse notar a base de elementos simbólicos de todo tipo: banderas, himnos, proclamas maximalistas, etc, canalizando y expresando con vehemencia, todo ese sentimiento de rencor y odio, hacia, no sólo el equipo rival, sino al gobierno, al estado, al jefe del estado, sus himnos y símbolos etc, etc. Como ejemplo reciente y muy claro, tenemos la pasada final de la Copa del Rey disputada en el estadio de Mestalla en Valencia., donde ambas aficciones dejaron bien claro, lo que significa para ellos el fútbol como deporte, o sea, absolutamente nada.

Luego hay otras rivalidades que pueden ser de tipo local o regional donde se podría comprender hasta cierto punto la pasión, aunque en todos los casos , la rivalidad siempre va envuelta en un halo de sentimientos extradeportivos que envenenan a las aficciones y las convierten en ejércitos violentos.

Hoy en día, con el asceso a los muchos medios de comunicación existentes, el forofismo futboril, se haya bien al corriente y casi en tiempo real de lo que sucede alrededor de su equipo y de los rivales, con lo cual va alimentando día a dia, minuto a minuto, las necesiades que tiene en ese sentido.

La presa escrita sobre todo, pero cualquier medio de comunicación, fomenta el enfrentamiento entre aficciones atendiendo a intereses empresariales o lo que es lo mismo, económicos, y lo peor, atendiendo a intereses políticos. Si se tiene que vender una mentira, una manipulación o un silencio, se vende. En este tipo de prensa hay manga ancha para escribir en ella todo cuanto pueda suponer la venta de unos ejemplares más.

Es innegable, que la prensa escrita sería incapaz de subsistir sin el apartado de fútbol en sus páginas. En cualquier diario deportivo, el 80 % o mas, según los casos, de su contenido, estará dedicado a la información sobre el fútbol en cualquier categoría y situación geográfica de los equipos. La prensa deportiva es una prensa de titulares, poco rigurosa y de mala calidad. La subjetividad y la manipulación es fruto de las exigencias de sus lectores.

En España, aunque ocurre en cualquier otro pais donde el fútbol tiene el mismo nivel de aceptación, la prensa deportiva está polarizada en dos bandos especialmente: la catalana, con el F.C. Barcelona como referente local, y la madrileña, atendiendo, aunque con menos vehemencia, la demanda de aficionado del Real Madrid. En cualquiera de los dos bandos, en lo que a fútbol se refiere, aunque en otros apartados tambien puede darse, la subjetividad es manifiesta y notoria y es expresada sin disimulo y sin ningún tipo de miramiento.

La prensa escrita está destinada a los forofos futboleros especialmente, por lo tanto, la información que en ella se vierte debe ser atractiva para este tipo de lectores, que como en su propio comportamiento, más que una información veraz y objetiva, prefiere una información que alimente su propio ego y su subjetiva forma de ver las cosas.

En el periodísmo deportivo, cuenta poco el rigor, la seriedad, la imparcialidad; ni nada que por muy ético que resulte, pueda erosionar la fidelidad de sus lectores, y por lo tanto, la venta de su papel. La prensa deportiva se sustenta, como decía, mayoritariamente de el forofismo futbolero de un equipo puntero como puede ser el FC Barcelona o el R. Madrid, sin que haya ningún diario deportivo cuyo contenido informativo y de opinión, pudiera ser apto y atractivo para cualquier tipo de lector independientemente de sus preferencias. Quizás no exista porque es incompatible con la insensated y la vehemencia de cualquier forofo futbolero, que es incapaz de admitir cualquier noticia o cualquier comentario, en un periódico que él a pagado, que pueda suponer una contrariedad para él.

Basta leer los titulares de la portada de uno de estos diaros para percatarse al momento de qué pie cojea, o lo que es lo mismo, que intereses defiende, o explota, dependiendo del momento.

Salt 31 de mayo de 2009 ( texto en fase de redacción provisional)