Como vemos, contrasta la presunta defensa que dicen hacer de la vida, con la vergonzante demagogia y manipulaión que hacen de un hecho que no tiene nada que ver con la realidad; convirtiendo, por obra y gracia del Espiritu Santo, en asesino a todo aquel profesional de la medicina o a la mujer que decide interrumpir el embarazo, en unos supuestos donde no sólo ese proyecto de vida, embarazo, embrión o como quiera llamarse, merece ser preservado. La ley del aborto no obliga a nadie a abortar, sino que establece los medios sanitarios y jurídicos, para que en los casos en que se produzca, se haga con garantias tanto sanitarias como jurídicas.
Los obispos españoles hablan del derecho del "no nacido" dando por hecho que el embarazo en cualquiera de sus fases es una nueva vida en evolución, en lo que, desde el punto de vista biológico, podría admtirse, pero yendo más lejos, podríamos tambien afirmar, que hay una fase previa al embarazo donde hay dos elementos esenciales para que el embarazo se produzca: el espermatozoide del hombre y el óvulo de la mujer. Me pregunto: ¿en que inmoralidad incurre una mujer cuando por razones completamente naturales deshecha cada mes un óvulo en la mestruación, si de encontrar un espermatozoide en su camino, se convertiría en una nueva vida?. ¿ Acaso debería la mujer buscar en cada mestruación un espermatozoide que fecundara su óvulo?
Exactamente igual podríamos decir de los hombres y sus espermatozoides, que suponen tambien, la mitad de otra vida. Cuando alguien pueda situar el comienzo de la vida en su justo momento y sin que ello responda a una consideración moral, que me avise que servidor no lo tiene demasiado claro, pero que mientras no se demuestre lo contrario, la vida de un embrión es más un proyecto que una realidad y como tal es susceptible de ser modificado.
Aparte de esta campaña, La Iglesia piensa implicar a todos los cofrades de las hermandades procesionales de Sevilla, Córdoba y demás ciudades andaluzas, haciéndole llevar en sus túnicas un lazo blanco, con lo cual, la Iglesia utiliza un hecho religioso, como lo es la Semana Santa, para implicar, como decía, a una enorme cantidad de ciudadanos, que si bien en teoría, como cofrades se deben a la disciplina de la Iglesia Católica, en realidad, muchos de estos cofrades entre los que se encuentran muchos niños sin edad de tener una opinión formada, no participan en estos actos más que en su dimensión festivo-cultural.
No nos sorprende la actitud de la Iglesia Católica y su beligerancia contra todo avance social o/y ciéntifico. Si ahora la emprenden contra una ley del aborto, ayer la emprendieron contra la selección genética de un bebé para que no naciera infectado de una enfermedad incurable y que al mismo tiempo, que de su cordón umbilicar se extrajeran células madre, para curar a un hermano mayor que tenía contraída dicha enfermedad. Qué opinión les merecerá a la jeralquía Católica el hecho de que pasados unos meses, hemos visto que ambos niños están fuera de peligro, y sus vidas, aparte de estar aseguradas de no padecer dicha enfermedad, su calidad de vital es igual que la de cualquier otra persona normal.
Nos gustaría ver alguna vez a esta Iglesia, movilizarse con el mismo fervor y el mismo ardor, por muchas otras cosas en las que la vida humana, su dignidad y su supervivencia, están en peligro. No vimos a los obispos ni al Papa comandando manifestaciones, ni lazos blancos, ni nada de nada, contra la guerra de Iraq, contra la opresión de muchos pueblos oprimidos por dictaduras de derechas, contra las discriminaciones a mujeres, niños, etc.
Y para acabarlo de arreglar, el Papa, el Gran Jefe, al que se le suponen -yo lo dudo mucho- una de las mentes más claras y un intelecto de lo mejorcico de la Iglesia Católica, va y la caga en su viaje a Africa haciendo afirmaciones que no haría ni el más tonto de los mortales. Afirmar con la rotundidad que ha afirmado el Papa, que la expansión del síndrome de inmuno-deficiencia adquirida SIDA, es la consecuencia de la utilización del preservativo, es una irresponsabilidad que puede suponer la muerte y padecimiento de dicha enfermedad, de millones de seres. Contrastando este hecho claramente, con la defensa que dicen hacer de la vida.
La Iglesia Católica, La ha tenido siempre tomada con el sexo, contrastando, también, con la actividad sexual tan activa que mantienen o han mantenido, muchos de sus miembros, que en muchos casos, la ilicitud -por no decir algo más gordo- de dichos actos, los ha llevado a la cárcel. La Iglesia Católica ha estigmatizado siempre el sexo en cualquier dimensión que no haya sido la de procrear, condenando al fuego eterno a todo aquel o aquella, que haga de este don -que se supone que Dios nos dio- un objeto de placer. La Iglesia siempre ha velado con mucho ahínco por la infelicidad de sus filigreses, incluso, aconsejando o incluyendo en sus doctrinas, la flagelación como solución infalible ante un eventual brote de felicidad excesiva.
(continuará)