sábado, 14 de marzo de 2009

Las lentejas, quién quiere las come, quién no, las deja


Hay alimentos, que debería estar prohibida su venta, es más: deberia estar prohibido su cultivo. Entre ellos hay algunos que tengo especialmente catalogado. El primero son las lentejas. Sí, esta legumbre con forma de gragea, de color ofensivo para la vista, de tacto repelente y peor sabor, se empeñan algunos, creo que demasiados, en hacernos ver y creer en sus excelencias nutritivas, su exquisito sabor y sobre todo, su riqueza en minerales, de los que destaca especialmente el hierro. Se le atribuyen infinidad de bondades de toda índole, hasta el punto, de que creo que es la legumbre mas piropeada de cuantas hubo y hubieron, y la verdad es, que nunca llegué a entender tanto agasajo y tanta palabrería bienhechora hacia lo que yo considero un nausebundo alimento.

Nausebundo por su aspecto, especialmente cuando se cocina sin caldo. Un aspecto cuya escatológica comparación, prefiero omitir por respeto a los lectores, pero que es inevitable hacerse una ligera idea.

Pero no sólo es el aspecto: cuando una cucharada de esta basura alimenticia entra en la boca, no puede uno evitar sensaciones repugnantes y el estomago da la impresión de que se niega a admitir en su cabidad tan asquerosa materia.

Se empeñan en disimular su mal sabor y su peor olor con condimentos, otras verduras, embutidos y cualquier otra cosa que pueda ayudar a hacer mas comestible a la lenteja, sin que consigan mitigar ni levemente, su inmundo sabor, consiguiendo eso sí, estropear cualquiera de estos aderezos o condimentos con solo tomar contacto con la maldita píldora vegetal en cuestión.

Cuando uno ha vivido el tiempo suficiente como para llegar a tan tajante y difinitiva conclusión, cuenta con los suficientes y racionales motivos para ello, como veremos.

No siempre se ha gozado de la holgura económica y abundancia en cuanto a comestibles se refiere. Hubo tiempos pasados, felizmente superados, que la lenteja, sobre todo por su asequibilidad y bajo coste, fue la base alimenticia casi diaria de mucha gente. Su persistencia en la mesa, su caractéristico, sabor, olor ,tacto y aspecto, fue incrustándose muy dentro de nuesto cerebro hasta conseguir esa detectable opinión que nos merece a muchos la lenteja como alimento. Y por si fuera poco, los que tuvimos que apechugar con los deberes patrios y tuvimos que permanecer en un campamento o cuartel militar un par de años, tambien la leteja formó parte casi diaria de la sustentación alimenticia de muchos, que como servidor de ustedes, hubo de pasar por ese amargo trance. Allí, en la mili, la lenteja se cocinaba-por llamarlo de alguna manera- sin aderezos, condimentos...algún ajo, alguna cebolleta mustia, algo parecido a aceite, que realmente mo lo era...pero eso si, cantidad de gorgojos(insectos de color parduzco y vivaracho comportamiento y que tengo la impresión de que su predilección por la legumbre en cuestión, es radicalmente opuesta a la mía)
y piedras de la mas diversas forma y tamaño, amén de otras inmundicias adquiridos en su recolección.
Sobre un recipiente métalico de considerables dimensiones, en cuyo interior se habían vertido una buena cantidad de agua, se vaciaba el saco de la legumbre tal cual, se le añadia la sal y poco mas y se cocia bajo el fuego de una llama rojiza y humeante, cuyo combustible nunca supe que era.
La proporcion entre el agua y las maldita legumbre, nunca era la correcta. Siempre podía apreciarse en la supeficie como flotaban las inmundicias y las lentejas que por su escaso peso no conseguian quedarse con sus compañeras en el fondo del recipiente. Poco a poco el agua empezaba a calentarse hasta que hervía y entonces el bailoteo de las tentejas y demás objetos hubiera resultado hasta divertido, si no fuera porque el fétido olor empezaba a inundar nuestras narices y a revolver nuestros estomagos.

2 comentarios:

Al Sur del Sur dijo...

Considero que la experiencia en su juventud con respecto a esta legumbre ha repercutido negativamente sobre su opinión por uno de los tantísimos alimentos que enriquecen nuestra excelente gastronomía española.
Lo digo con conocimiento de causa, ya que mi jefe tampoco las puede ver pues "en los tiempos del hambre" cuando apenas era un niño, recuerda que tenían que hacer largas colas con el plato en la mano para que le echaran una "cazá" de lentejas con demás acompañantes, y cuenta que el mismo recuerdo de ver como otros "se comian hasta los gorgojos" le produce repulsión.
Yo lo que si le puedo decir es que en casa, las comemos semana si y semana no, ciertamente no es plato de mi devoción pero las como, pues con el frio del invierno se agradecen.
Lo que no tolero es el queso, ni el sabor, y cuanto menos el olor, pero tengo muy claro, que jamás escribiría así sobre ningún alimento por respeto a todos los niños del mundo que mueren a cada minuto por desnutrición, eso, por no hablar de la crisis que tan duramente está azotando todos los sectores, especialmente al de la construcción.
Recemos por no vernos nuevamente con cartillas de racionamiento mi estimado amigo.

Andreu dijo...

Escribir algo tan exageradamente negativo sobre cualquier alimento, puede parecer, desde luego, una falta de respeto hacia esa gran parte del planeta cuya subsistencia quedaría resuelta con un plato de lentejas diario. No obtante, creo que la causa de esta dramática situacción, habría que buscarla más allá del despropósito que pudiera tener este escrito respecto a esta legumbre, que dicho sea de paso, sigo comiendo habitualmente. Ojalá fuera tan fácil que se acabara el hambre en el mundo, como que yo cambiara de opinión respecto a las lentejas, que lo haría al momento, pero me temo, que el problema es de más dificil solucción